No hay otro periódico al que Donald Trump le guste atacar más que a ‘The New York Times’. Sin embargo, las iras presidenciales, lejos de perjudicarle, le están granjeando más suscriptores que nunca. Viajamos a Estados Unidos para hablar con su director, Dean Baquet. Por María de la Peña

Donald Trump ha declarado la guerra a la prensa. Desde la campaña electoral, el nuevo presidente de Estados Unidos no ha dejado de insultar y atacar a los medios de comunicación estadounidenses que no pertenecen a su círculo de seguidores. En un intento por desprestigiarlos, los llama el enemigo del pueblo americano y hasta el diablo.

Un presidente nunca había dado tanto que hablar y los medios, inundados de información política, están batiendo récords de difusión. El número de suscriptores tanto a The New York Times como a The New Yorker se ha disparado desde la toma de posesión del mandatario republicano. La ‘era Trump’ es un formidable reto para demostrar la fortaleza de la libertad de expresión y un examen para los medios que tienen que cubrir a un presidente impredecible.

periodistas contra trump, new york times y new yorker, xlsemanal (1)

No hay otro medio de comunicación con el que Trump se haya obsesionado tanto como con el The New York Times. Desde que presentó su candidatura, en el verano de 2015, Trump ha dedicado no menos de 70 tuits a criticar al diario, acusándolo de ‘malévolo’, de ‘deshonesto’, de que es un periódico ‘moribundo’, de que es ‘irrelevante’, ‘un medio en declive’.

La redacción ha empezado a llevar la cuenta de sus ataques. Incluso imprimen sus tuits. Cada uno de ellos lo sienten como un reconocimiento, como una medalla, una prueba de la relevancia del periódico.

Desde la redacción del templo del periodismo americano, en el imponente edificio de Renzo Piano en Times Square, Dean Baquet -director del diario The New York Times desde 2014- nos cuenta cómo se defiende frente a la amenaza de un presidente que no solo les arroja difamaciones, sino que los acusa de generar noticias falsas.

XLSemanal. ¿Cómo definiría el momento que está viviendo como director del periódico más importante de EE.UU.?

Dean Baquet. Sin ninguna duda, es el momento más importante en mi vida como periodista. No solo por Trump, sino también por la convulsión que vive el mundo. Están pasando muchas cosas.

XL. Sin embargo, no parece usted estresado. [;Está sentado en el sofá de su despacho con las piernas en alto apoyadas en la mesa].

D.B. Todo el mundo me pregunta si estoy estresado. No lo estoy. Llevo 40 años trabajando en esto. Me lo estoy pasando bien. Acabamos de destapar la historia de Bill O’Reilly -famoso presentador de la Fox (televisión afín a Trump) que ha sido despedido por acoso sexual-. Es divertido.

XL. ¿Cuál es la relación que debe tener un periódico con un presidente que los ataca, los insulta…?

D.B. Yo no estoy en guerra con Trump. Él puede decir que está en guerra con nosotros, pero yo no lo acepto. No soy su enemigo. Soy el que dirige un medio de comunicación y mi trabajo es hacer una buena cobertura. Cuando escribe tuits contra nuestro periódico diciendo cosas falsas, yo no debo entrar en el juego. Si no, me estallaría la cabeza; ¡no podría hacer periodismo! No sé si él está convencido de que está en guerra con la prensa, pero yo no lo estoy con él.

“Todo el mundo me pregunta si estoy estresado. No lo estoy. Llevo cuarenta años trabajando en esto y me lo estoy pasando bien”

XL. Después de los primeros cien días de Trump, ¿está preocupado por esa actitud tan beligerante hacia la prensa?

D.B. Sí, me preocupa que la pueda dañar. Habla de filtraciones, nos ataca todo el tiempo, pero por otro lado no ha hecho mucho aparte de hablar. No ha hecho nada realmente potente. Así que me levanto por la mañana y vengo al periódico con ganas de cubrir grandes noticias. Veremos qué pasa.

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XL. The New York Times está llevando a cabo una gran campaña de publicidad, defendiendo los valores del periodismo, como la verdad, la libertad de expresión, las noticias contrastadas… Es una campaña con una clara intención, ¿no?

D.B. Es una campaña en respuesta a los ataques de Trump. Es una forma de recordar a la gente la importancia de nuestra profesión.

XL. ¿Han aprendido de los posibles errores que pudieron cometer en la cobertura de las elecciones? Ustedes, al igual que la mayoría de la prensa, hicieron campaña a favor de Hillary Clinton.

D.B. No los llamaría ‘errores’. Creo que todos los medios midieron mal el enfado del país. Ninguno se dio cuenta de que un enorme porcentaje quería un cambio a cualquier precio. A todos se nos escapó que había un deseo de cambio muy fuerte y que, aunque a la gente no le apasionara Trump, estaban dispuestos a votarle. Y, por cierto, él mismo tampoco se dio cuenta. El día de las elecciones, su equipo también pensaba que iba a perder. La noticia se nos fue a todos de las manos.

XL. ¿La cobertura periodística de este presidente debe ser distinta a la de anteriores presidentes? ¿Más agresiva?

D.B. Cubrimos a todos los presidentes de forma agresiva, pero quizá este merezca un escrutinio mayor. Porque no lo conocemos ni a él ni a su equipo. Dice que quiere revolucionar todo de forma dramática y ya está empezando a hacer cambios importantes. Tenemos más reporteros que se dedican a hacer preguntas difíciles al gobierno de Trump, mucho más incisivas. Por eso necesitamos más que nunca periodistas valientes.

“Por primera vez, los ingresos provienen más de los suscriptores que de los anunciantes. Y este modelo es mucho más sano”

XL. ¿Ha reforzado la cobertura de la Casa Blanca?

D.B. Sí, la hemos duplicado. Tenemos a seis periodistas cubriendo la Casa Blanca. Solíamos tener tres. Porque Trump es noticia las 24 horas. En Washington en total, ahora, tenemos sesenta periodistas. Hemos añadido unos diez nuevos corresponsales y probablemente debamos tener más.

XL. Cuál ha de ser el perfil del reportero que cubre ahora la Casa Blanca?

D.B. La historia de Trump ha demostrado que tener reporteros de investigación es más importante que nunca. Quiero muchos más periodistas de investigación. Precisamente voy a entrevistar a uno esta tarde y acabamos de contratar a dos. Y esos son periodistas muy tradicionales, de raza. Hemos contratado también -no debería decirlo- a una periodista más mayor que yo como editora de la sección de Negocios. Y también a alguien para cubrir Defensa desde Washington. Pero necesitamos también otro tipo de periodistas con características totalmente diferentes. La mezcla del periodista más tradicional con reporteros audiovisuales, que hagan vídeos y gráficos.

XL. ¿Contratar más periodistas audiovisuales está dentro de su estrategia de rotunda apuesta por la página web, de ser más innovadores?

D.B. Algún día, que ya ha llegado, casi todo el mundo va a ver las noticias desde el móvil. No podemos pensar de otra manera. Y, si es así, debemos tener un formato más visual.

XL. ¿Han dejado atrás los problemas financieros que todos los medios atraviesan por culpa de la bajada de la inversión publicitaria?

D.B. Yo creo que estamos en un momento en el que podemos afirmar que nuestros ingresos provienen más de los suscriptores que de los anunciantes. Nuestro modelo tradicional desde hace 25 años ha sido el contrario. La publicidad se ha reducido considerablemente y quizá no ganemos tanto como antes, pero seguimos siendo muy rentables. Y este modelo es mucho más sano. Los anunciantes son buenos y por supuesto que los necesitamos, pero no siempre persiguen los mismos objetivos que nosotros, mientras que los lectores sí: buenos reportajes, noticias rigurosas…

XL. ¿Está claro que Donald Trump ha sido bueno para el The New York Times?

D.B. En conjunto sí, por muchas razones. Por un lado, ha ayudado a definir de forma más clara nuestra misión. Tener una gran noticia, cualquiera, y Trump es una gran noticia, te ayuda siempre a recordar cuál es tu sitio, que es cubrir grandes historias. Trump ha despertado también un gran interés por leer más noticias de política y eso ha beneficiado a nuestro negocio. Tenemos muchos más lectores desde su elección, más que en toda nuestra historia.

XL. ¿Cómo fue la visita que hizo Trump al The New York Times en noviembre? ¿Qué impresión personal le causó?

D.B. Fue encantador. ¡Muy amable! Y lo que pensé es que era un vendedor. Dijo cosas como que el The New York Times es una gran joya; cosas buenas de nosotros. Tiene carisma, es muy bueno contándole a su audiencia lo que quiere oír. Su auditorio en el The New York Times era un público liberal y dijo cosas menos incendiarias sobre inmigración, sobre el muro… juega a ser moderado. Es muy camaleónico.

XL. Hay palabras que con Trump han cobrado protagonismo, como la palabra del año ‘posverdad’ o las fake news -noticias falsas-. ¿Cuál es para usted el significado de fake news?

D.B. Creo que las noticias falsas son mentiras intencionadas que han sido diseñadas para engañar a la gente, para ganar dinero o por razones políticas.

XL. Noticias falsas siempre ha habido…

D.B. Siempre, siempre. Pero con la era digital se propagan fácilmente. Trump ha distorsionado la definición de fake news hasta tal punto que ya no me gusta usar la palabra porque el Gobierno la utiliza para describir cualquier tema en el que no le des la razón.

XL. El paisaje periodístico ha cambiado muchísimo. La irrupción de webs de periodismo de investigación como BuzzFeed, The Marshall Project… ¿Qué hay que hacer para ser competitivos? ¿Caer como muchos en el clickbait? [‘Cebo de clics’, contenidos en Internet para generar ingresos publicitarios].

D.B. No lo hacemos mucho; hay demasiadas personas que utilizan ese reclamo, y la gente no espera eso de nosotros. Tampoco espera que hablemos de las Kardashian. Y no es que las menosprecie, pero ¿qué sentido tiene acudir al The New York Times para leer sobre las Kardashian? Un millón de personas habla de ellas a diario y lo hace mucho mejor.

XL. ¿Entonces como es competitivo hoy en día el The New York Times?

D.B. Conseguir que sea ‘de lectura obligada’. Esa es la clave. Que si te importa Donald Trump tengas que leer nuestro último reportaje sobre él. Incluso aunque no te guste nuestro periódico. Que si te preocupa Siria tengas también que leer nuestro artículo. Y, aparte de las grandes historias del día y los reportajes de investigación, ser competitivos también significa hacer algo de periodismo de servicio público que ayude al que entra en la página web; por ejemplo, a extraer los puntos claves de las noticias para los que no tienen el tiempo suficiente para leer el periódico entero. Y hacer eso no significa dejar de ser sofisticado.

“Quiero muchos más periodistas de investigación tradicionales, de raza. Incluso he contratado a una editora mayor que yo”

XL. ¿Esto quiere decir que el lenguaje periodístico también tiene que cambiar, adaptarlo al cambio tecnológico?

D.B. Sí, tiene que cambiar. La tecnología siempre nos ha condicionado. Cuando yo empecé, hace 40 años, en la cima de la era del papel, la tecnología creó nuestros cierres, nos permitía utilizar el color o no… Creo que la gente se pone nerviosa y piensa que la tecnología nos está gobernando, pero siempre lo ha hecho. El público sigue queriendo leer noticias largas, grandes reportajes… sigue leyendo lo tradicional, pero tenemos que ofrecer otras cosas también. Para mí, el objetivo es que nos lean en este cambio que vive el mundo. Y para eso tienes que adaptarte al ritmo de la tecnología.

XL. Su predecesora, Jill Abramson, fue la primera mujer en dirigir el periódico y se preocupó de poner a otras mujeres en la alta dirección del periódico. ¿Qué piensa de la igualdad de género?

D.B. Me preocupa como a ella, y no solo eso, también que haya todo tipo de diversidad. Yo soy el único afroamericano que ha dirigido dos periódicos en EE.UU. [dirigió también Los Angeles Times]. Es chocante. He continuado el trabajo que hizo Jill, pero también he intentado poner en puestos altos a sectores representativos de las minorías de la población. negros, latinos, asiáticos…

XL. ¿Cómo ha afectado dentro del periódico ser el primer director de color?

D.B. El pasado de uno siempre afecta. Yo crecí en una familia sin estudios, con poco dinero, en la parte de atrás de un restaurante de Nueva Orleans. Y eso creo que me hace escuchar mejor, me hace comprender mejor a los pobres, ser más empático y cuestionar más a las instituciones poderosas, porque sé que pueden tener un gran impacto en la vida de las personas. Muchas veces la gente que ocupa los puestos de poder no piensa en los más débiles.

XL. ¿Cree que el Times sigue siendo el medio por excelencia en el mundo?

D.B. Sí, sin duda. Somos los mejores.

XL. Se lo pregunto porque The Washington Post ha tenido un ascenso importante.

D.B. Sí, son buenos y me alegro. Cuántos más, mejor. Es bueno para mí y para el periodismo que ambos estemos compitiendo. Yo quiero que los periodistas tengan trabajo.

XL. ¿Le da tiempo a leer otra cosa que no sea la actualidad?

D.B. Sí, leo mucho. Mucha ficción. Pero también hago gimnasia. Ya no fumo puros como antes.

XL. ¿Qué está leyendo ahora?

D.B. La biografía de Richard Nixon y un thriller maravilloso que se llama White tears, de Hari Kunzru. Pero a diario y porque son competidores leo The Washington Post, The Wall Street Journal y The Guardian, y The New Yorker por placer, a pesar de ser otro competidor.

XL. Qué legado le gustaría dejar cuando se vaya del The New York Times?

D.B. Crear un gran periódico de investigación y lograr llevarlo de la era del papel a un mundo digital seguro.


La visita de Trump

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En noviembre, Trump acudió a la sede de The New York Times para responder preguntas durante 75 minutos. Horas antes amenazó en Twitter con no ir, pero fue. Los periodistas dicen que se presentó conciliador y encantador. Cuando salió, dijo que el diario es «una joya para Estados Unidos y para el mundo». Desde entonces no han dejado de pelearse.

La reportera estrella

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Maggie Haberman, perioidista de The New York Times conoce a Trump desde hace mucho tiempo. En febrero escribió un artículo sobre el caos en la Casa Blanca y un presidente solitario que ve la televisión en albornoz. Pocos artículos han enfadado más a Trump. Pero eso no impide que le haya concedido a Haberman dos entrevistas en exclusiva.


En cifras

3.000.000: Cantidad de suscriptores de ‘The New York Times’ a la edición en papel y a la de pago de la web.

1300: Número de periodistas en plantilla.

1.432.490: Ingresos totales de 2016 en euros.

809.176:Ganancias por ventas en euros.

533.663: Ingresos por publicidad en euros.